
Restauremos todas las cosas en la Verdad. Busquemos educar nuestro corazón en esa verdad divina que no es distinta de Cristo. Tomemos en serio ese llamado personal y universal a la santidad. Es hora de liberarnos de todo pensamiento pusilánime y lanzarnos a la conquista de aquellas cosas que marcan con el tizón de la magnanimidad a las almas generosas que lo dan todo por recibirlo al Todo.
viernes, 25 de febrero de 2011
Las Virtudes Fundamentales: Introducción

jueves, 24 de febrero de 2011
CARTAS DEL DIABLO A SU SOBRINO (Lewis) IV
IV
Mi querido Orugario:
Las inexpertas sugerencias que haces en tu última carta me indican que ya es hora de que te escriba detalladamente acerca del penoso tema de la oración. Te podías haber ahorrado el comentario de que mi consejo referente a las oraciones de tu paciente por su madre «tuvo resultados particularmente desdi¬chados». Ese no es el género de cosas que un sobrino debiera escribirle a su tío..., ni un tentador subalterno al subsecretario de un Departamento. Revela, además, un desagradable afán de eludir responsabilidades; debes aprender a pagar tus propias meteduras de pata.
Lo mejor, cuando es posible, es alejar totalmente al pacien¬te de la intención de rezar en serio. Cuando el paciente, como tu hombre, es un adulto recién reconvertido al partido del Enemigo, la mejor forma de lograrlo consiste en incitarle a recordar o a creer que recuérdalo parecidas a la forma de repetir las cosas de los loros que eran sus plegarias infantiles. Por reacción contra esto, se le puede convencer de que aspire a algo enteramente espontáneo, interior, informal, y no codifi¬cado; y esto supondrá, de hecho, para un principiante, un gran esfuerzo destinado a suscitar en sí mismo un estado de ánimo vagamente devoto, en el que no podrá producirse una verdadera concentración de la voluntad y de la inteligencia. Uno de sus poetas, Coleridge, escribió que él no rezaba «moviendo los labios y arrodillado», sino que, simplemente, «se ponía en situación de amar» y se entregaba a «un sentimiento imploran¬te». Esa es, exactamente, la clase de oraciones que nos conviene, y, como tiene cierto parecido superficial con la oración del silencio que practican los que están muy adelantados en el servicio del Enemigo, podemos engañar durante bastante tiem-po a los pacientes listos y perezosos. Por lo menos, se les puede convencer de que la posición corporal es irrelevante para rezar, ya que olvidan continuamente —y tú debes recordarlo siem¬pre— que son animales y que lo que hagan sus cuerpos influye en sus almas. Es curioso que los mortales nos pinten siempre dándoles ideas, cuando, en realidad, nuestro trabajo más eficaz consiste en evitar que se les ocurran cosas.
Sí esto falla, debes recurrir a una forma más sutil de desviar sus intenciones. Mientras estén pendientes del Enemigo, esta¬mos vencidos, pero hay formas de evitar que se ocupen de El. La más sencilla consiste en desviar su mirada de Él hacia ellos mismos. Haz que se dediquen a contemplar sus propias mentes y que traten de suscitar en ellas, por obra de su propia volun¬tad, sentimientos o sensaciones. Cuando se propongan solicitar caridad del Enemigo, haz que, en vez de eso, empiecen a tratar de suscitar sentimientos caritativos hacia ellos mismos, y que no se den cuenta de que es eso lo que están haciendo. Si se proponen pedir valor, déjales que, en realidad, traten de sentir¬se valerosos. Cuando pretenden rezar para pedir perdón, déja¬les que traten de sentirse perdonados. Enséñales a medir el valor de cada oración por su eficacia para provocar el senti¬miento deseado, y no dejes que lleguen a sospechar hasta qué punto esa clase de éxitos o fracasos depende de que estén sanos o enfermos, frescos o cansados, en ese momento.
Pero, claro está, el Enemigo no permanecerá ocioso entre¬tanto: siempre que alguien reza, existe el peligro de que El actúe inmediatamente, pues se muestra cínicamente indiferente hacia la dignidad de Su posición y la nuestra, en tanto que espíritus puros, y permite, de un modo realmente impúdico, que los animales humanos arrodillados lleguen a conocerse a sí mismos. Pero, incluso si Él vence tu primera tentativa de desviación, todavía contamos con un arma más sutil. Los hu¬manos no parten de una percepción directa del Enemigo como la que nosotros, desdichadamente, no podemos evitar. Nunca han experimentado esa horrible luminosidad, ese brillo abrasa¬dor e hiriente que constituye el fondo de sufrimiento perma¬nente de nuestras vidas. Si contemplas la mente de tu paciente mientras reza, no verás eso; si examinas el objeto al que dirige su atención, descubrirás que se trata de un objeto compuesto y que muchos de sus ingredientes son francamente ridículos: imágenes procedentes de retratos del Enemigo tal como se apareció durante el deshonroso episodio conocido como la Encarnación; otras, más vagas, y puede que notablemente dis¬paratadas y pueriles, asociadas con Sus otras dos Personas; puede haber, incluso, elementos de aquello que el paciente adora (y de las sensaciones físicas que lo acompañan), objeti¬vados y atribuidos al objeto reverenciado. Sé de algún caso en el que aquello que el paciente llama su «Dios» estaba localiza¬do, en realidad..., arriba y a la izquierda, en un rincón del techo de su dormitorio, o en su cabeza, o en un crucifijo colgado de la pared. Pero, cualquiera que sea la naturaleza del objeto compuesto, debes hacer que el paciente siga dirigiendo a éste sus oraciones: a aquello que él ha creado, no a la Persona que le ha creado a él. Puedes animarle, incluso, a darle mucha importancia a la corrección y al perfeccionamiento de su obje¬to compuesto, y a tenerlo presente en su imaginación durante toda la oración, porque si llega a hacer la distinción, si alguna vez dirige sus oraciones conscientemente «no a lo que yo creo que Sois, sino a lo que Sabéis que Sois», nuestra situación será, por el momento, desesperada. Una vez descartados todos sus pensamientos e imágenes, o, si los conserva, conservados reco¬nociendo plenamente su naturaleza puramente subjetiva, cuan¬do el hombre se confía a la Presencia real, externa e invisible que está con él allí, en la habitación, y que no puede conocer como Ella le conoce a él... bueno, entonces puede suceder cualquier cosa. Te será de ayuda, para evitar esta situación esta verdadera desnudez del alma en la oración, el hecho de que los humanos no la desean tanto como suponen: ¡se pueden encontrar con más de lo que pedían! Tu cariñoso tío,
ESCRUTOPO
Gritarán las piedras: los fundamentos del retiro de la imagen de Nuestra Señora de Luján del salón de Pasos Perdidos
Por Juan Carlos Monedero (h)

Ruego al lector que por lo menos eche un vistazo diagonal a estas líneas.
El laicismo nos recuerda verdades que la formación catequística pretende hacernos olvidar: “Hubo una vez” en la Argentina algo llamado unión entre la Iglesia y el Estado, es decir, el ideal de la Ciudad Católica, la Cristiandad. “Hubo una vez” un cuerpo social que quería vivir públicamente según las leyes del Divino Salvador. “Hubo una vez” estatutos con fuerza de ley que exigían el respecto irrestricto de Cristo y de su religión. No en la edad media, sino en el siglo XIX, por si algún cronólatra acaba de estornudar.
Pase y lea. Se trata del retiro de la imagen “Nuestra Señora de Luján” del salón de Pasos Perdidos. Quieren reemplazar ese espacio único dedicado a la Virgen por imágenes relativas a la multiplicidad de creencias.
* * * * *
H. Cámara de Diputados de la Nación
PROYECTO DE RESOLUCIÓN
Texto facilitado por los firmantes del proyecto. Debe tenerse en cuenta que solamente podrá ser tenido por auténtico el texto publicado en el respectivo Trámite Parlamentario editado por la Imprenta del Congreso de la Nación.
Nº de Expediente 8492-D-2010
Trámite Parlamentario 184 (01/12/2010)
Sumario SOLICITAR A LA H. CAMARA EL RETIRO DE LA IMAGEN DE "NUESTRA SEÑORA DE LUJAN" DEL SALON DE PASOS PERDIDOS Y HABILITAR UN ESPACIO MULTIRRELIGIOSO AL QUE PUEDAN ACCEDER MIEMBROS DE DISTINTAS NECESIDADES ESPIRITUALES.
Firmantes BASTEIRO SERGIO ARIEL.
Giro a Comisiones PETICIONES PODERES Y REGLAMENTO RELACIONES EXTERIORES Y CULTO.
La Cámara de Diputados de la Nación
RESUELVE:
1.- Disponer el retiro de la imagen de "Nuestra Señora de Luján" que se encuentra entronizada en el Salón de Pasos Perdidos.
2.- Habilitar en el ámbito de la Cámara un espacio reservado de carácter multirreligioso al que puedan acceder sus miembros para satisfacer sus necesidades espirituales.
FUNDAMENTOS
Señor presidente:
Por iniciativa de la entonces diputada nacional Nélida del Carmen Parra y decisión de quien en esa época presidía a esta H. Cámara el 8 de setiembre de 1997 se procedió a la "Solemne Entronización de la Imagen de la Santísima Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján Patrona de la República Argentina" (1) en el Salón de Pasos Perdidos de esta casa que nos alberga.
Al día siguiente una escueta crónica del matutino La Nación daba cuenta de que habían participado de la ceremonia "el presidente de la Cámara de Diputados Alberto César Pierri, el secretario de Culto Ángel Miguel Centeno, el obispo de Mercedes-Luján monseñor Emilio Ogñénovich, el obispo de la Eparquía Armenia monseñor Vartán Waldir Boghossián y el presbítero Espósito de la Catedral de Luján además de otros miembros del cuerpo legislativo".
Agregaba el periódico que durante el acto la diputada Parra había manifestado: "Sé que desde su lugar María pacificará los espíritus, templará las ideas, alejará a los malvados e iluminará a quienes gobiernan nuestra querida Argentina en un eterno mensaje de amor y comprensión. Ella seguramente inspirará a este cuerpo legislativo lo que es mejor para lograr el bien común".
Previamente el entonces titular de la Cámara había escrito: "Al entronizar la imagen de Nuestra Señora de Luján no reconocemos tan solo en ella su carácter de Reina y Madre de los argentinos y de tres repúblicas del Plata (el subrayado es nuestro) sino también su sabiduría maternal que nos ayuda a comprender los porqués de las causas justas a superar los dolores y las adversidades y que nos guía hacia el bien común hacia metas sanas y honestas que por difíciles que nos parezcan habremos de alcanzar".
Recordando que nuestra Constitución Nacional dedica dos artículos -el 14º y el 20º- para garantizar la libertad religiosa, las profundas creencias expresadas por la diputada (mc) Parra y por el ex presidente de esta casa no merecen más que nuestro debido respeto.
Sin embargo lo dicho por una y otro nos remiten a épocas preconstitucionales en las que la relación del Estado con la Iglesia Católica Apostólica Romana se encuadraba en lo que el Dr. Carlos S. Fayt denomina "sistema de unión o armonía perfecta" (2) y en el que hay una profesión de fe católica por parte del Estado que además sujeta su actividad política y legislativa a los principios católicos" (3) .
Al decir preconstitucionales nos referimos a los sucesivos y fallidos ensayos para la organización nacional que se iniciaron con el Estatuto Provisional del 5 de mayo de 1815 que en su segundo capítulo titulado "De la Religión del Estado" establecía:
Artículo 1º: La Religión Católica Apostólica Romana es la Religión del Estado.
Artículo 2º: Todo hombre deberá respetar el culto público y la Religión Santa del Estado.
En la misma línea pero avanzando un poco más el "Reglamento Provisorio para la Dirección y Administración del Estado" dictado en 1817 por el Congreso de Tucumán disponía: "Todo hombre deberá respetar el culto público y la Religión Santa del Estado: la infracción de este artículo será mirada como una violación de las Leyes fundamentales del país”. (el subrayado es nuestro).
El mismo Congreso de Tucumán pero ya trasladado a Buenos Aires aprobó la Constitución de1819. Según ella "La Religión Católica Apostólica Romana es la Religión del Estado. El Gobierno le debe la más eficaz y poderosa protección y los habitantes del territorio todo respeto cualesquiera que sean sus opiniones privadas". A continuación ratificaba que "la infracción del artículo anterior será mirada como una violación de las leyes fundamentales del país".
Finalmente la Constitución de 1826 sostenía que "su religión (la de la Nación Argentina) es la Católica Apostólica Romana, a la que prestará siempre la más eficaz y decidida protección y sus habitantes el mayor respeto sean cuales fueren sus opiniones religiosas".
Estas definiciones previas a la Constitución que nos rige hubiesen dado sustento tanto a lo declamado por la diputada (mc) Parra y el ex presidente Pierri como a la entronización de una imagen católica en un ámbito público estatal como es el Salón de Pasos Perdidos.
Sin embargo la Constitución de 1853 produjo un cambio en el vínculo del Estado con la Iglesiamediante su actual artículo 75 que en su inciso 22 le otorga al Congreso de la Nación la atribución de "aprobar o desechar (...) los concordatos con la Santa Sede".
Desde la vigencia de esta atribución del Congreso de la Nación la relación Estado-Iglesia se inscribe en lo que para Fayt es el "sistema de la colaboración o de concordato" que implica que el Estado negociando en igualdad de condiciones con la Iglesia fija mediante un acuerdo los respectivos campos de actividad.
Esta demarcación de incumbencias convirtió al Estado argentino en un Estado no confesional y fue lo que le permitió sancionar en las décadas inmediatas a la sanción de la Constitución de 1853 las denominadas "leyes laicas" -entre ellas la de Educación Común la de Matrimonio Civil y la de creación del Registro Civil- todas destinadas a transferir a la órbita estatal funciones que hasta entonces estaban bajo tutela eclesial.
Esta Cámara de Diputados como tales parte del Estado no confesional. Por cierto ello no implica desconocer el derecho de sus integrantes a profesar libremente su culto pero el ejercicio irrestricto de ese derecho no los habilita a instalar en un ámbito público y plural como es el Salón de Pasos Perdidos símbolos propios de una determinada religión que por su sola presenciapueden alterar el espíritu de quienes no comulgan con ella. Y mucho menos a pretender que el objeto de su devoción sea el que inspire "a este cuerpo legislativo lo que es mejor para lograr el bien común" o el que ayude a sus miembros "a comprender los porqués de las causas justas".
Al respecto es bueno recordar que vivimos en una sociedad que registra una creciente diversidad de adscripciones en términos culturales, políticos, ideológicos y religiosos entre otros. Bajo estas circunstancias el Estado tiene un doble desafío. Por un lado garantizarnos la libertad para vivir en consonancia con nuestras convicciones. Por otro asegurarnos la pacífica y cordial convivencia en el marco de nuestras divergentes miradas. En el tema que nos ocupa la casa que nos alberga como diputados y diputadas de la Nación debe constituirse en un ámbito imparcial ante el universo de confesiones, único modo de respetar a todas por igual, garantizar igualdad de trato a quienes las profesan y no interferir en las convicciones de aquellos que no adscriben a ninguna de ellas.
Al proponer el retiro de la imagen de la Santísima Virgen María entronizada en el Salón de Pasos Perdidos no desconocemos que muchos/as de nuestros/as colegas que son sus devotossentirán que pretendemos privarlos de la ayuda espiritual que ella les brindaría.
Lejos está ello de nuestra intención. Entendemos que en esta casa se desempeñan fieles de las más diversas confesiones que en ocasiones necesitan de un ámbito apto para reflexionar a la luz de sus creencias. Es por ello que proponemos la habilitación en este edificio de un espacio reservado y de carácter multirreligioso al que puedan acceder todos aquellos que necesiten vincularse con sus respectivas deidades.
Convencidos de que nuestras propuestas apuntan a garantizar la igualdad de oportunidadespara el ejercicio de la libertad religiosa que reconoce la Constitución Nacional solicitamos la aprobación del presente proyecto.
(1) Así se titulaba el tríptico con membrete de la H. Cámara que fue distribuido previamente para publicitar el acto.
(2) Derecho Político. Depalma, Bs. As., 1985, Tomo I6ª edición inalteradap. 345/346
(3) Carlos Lombardi. "Símbolos católicos en dependencias del Estado. Aportes para el debate". Buscar en la Web.
Cuántos protestones hay en la Iglesia católica
Decía Georges Bernanos hablando de la Iglesia que de ella lo había obtenido todo, y que nada podía llegarle si no era a través de ella, y con ello definía algo que es el común sentir de todo católico de bien, que no es otro que saberse hijo de la Iglesia e ir a donde ella le lleve.
La Iglesia, como toda familia, tiene gente de todo tipo dentro, y como buenamadre que es, se esfuerza por preservar la unidad de sus hijos, haciendo a veces gala de una paciencia infinita en su papel de también ser maestra, enseñando y corrigiendo como fiel guardadora que es del depositum fidei.
Cualquiera que viva una eclesiología sana y bien fundada sabe el papel de autoridad y guía que la Iglesia tiene- a través de sus legítimos pastores- en el desempeño de su perenne misión entre los hombres y en todo lo concerniente a la fe.
Eso sí, basta caminar un tiempo en la Iglesia para darse cuenta de que una cosa es el oficio y otra la persona, por lo que encontrarse con gente que es una auténtica prueba es el pan nuestro de cada día, y a nadie debe escandalizar eso si se tiene el suficiente sentido común para entender la pasta de la que está hecha nuestra débil humanidad.
Por eso mismo me sorprenden las ganas de quejarse de todo que a veces se respiran en la Iglesia, pues aunque no seamos protestantes en el sentido de romper con Roma, muchas veces nos quedamos dentro siendo unos auténticos protestones más papistas que el papa.
Ya sea por exceso o por defecto, por consevadurismo o por progresismo eclesial, a veces uno se pregunta dónde queda la visión sobrenatural de saber que Dios ya lo sabía todo cuando decidió establecer la Iglesia, y que cuenta con nuestra humanidad como parte de ella, y que a fin de cuentas es su Espíritu Santo quien la gobierna, por más que los hombres nos empeñemos en no hacerle ni caso y no escuchar su voz.
Pensando en todo esto me acordaba de la parábola del hijo pródigo, en la que quien parecía el hijo obediente resultaba ser el más distante del padre, por más que se hubiera quedado en la casa a diferencia del hermano de vida disoluta.
En el fondo era un protestón, que cumplía la voluntad de su padre, pero sin amar a su padre, demostrándonos que en esto de vivir en cristiano, todos corremos el peligro de creernos justificados a la primera de cambio, olvidándonos de lo traicionera que es la soberbia de vida que nos lleva a creernos que sabemos más que nuestro padre.
Al menos a mí me pasa constantemente, y a Dios le pido un corazón distinto, que por un día deje de protestar por todo y de querer que se hagan las cosas a su manera, porque al final lo que más descansa es hacer las cosas a la manera de Dios...
FUENTE: http://www.religionenlibertad.com
miércoles, 23 de febrero de 2011
CARTAS DEL DIABLO A SU SOBRINO (Lewis) III
III
Mi querido Orugario:
Me complace mucho todo lo que me cuentas acerca de las relaciones de este hombre con su madre. Pero has de aprove¬char tu ventaja. El Enemigo debe estar trabajando desde el centro hacia el exterior, haciendo cada vez mayor la parte de la conducta del paciente que se rige por sus nuevos criterios cristianos, y puede llegar a su comportamiento para con su madre en cualquier momento. Tienes que adelantártele. Man¬tente en estrecho contacto con nuestro colega Gluboso, que se ocupa de la madre, y construid entre los dos, en esa casa, una costumbre sólidamente establecida y consistente en que se fastidien mutuamente, pinchándose todos los días. Para ello, los siguientes métodos son de utilidad:
1. Manten su atención centrada en la vida interior. Cree que su conversión es algo que está dentro de él, y su atención está, por tanto, volcada, de momento, sobre todo hacia sus propios estados de ánimo, o, más bien, a esa versión edulcorada de dichos estados que es cuanto debes permitirle ver. Fomenta esta actitud; mantén su pensamiento lejos de las obligaciones más elementales, dirigiéndolo hacia las más elevadas y espiri¬tuales; acentúa la más sutil de las características humanas, el horror a lo obvio y su tendencia a descuidarlo: debes conducirle a un estado en el que pueda practicar el autoanálisis durante una hora, sin descubrir ninguno de aquellos rasgos suyos que son evidentes para cualquiera que haya vivido alguna vez en la misma casa, o haya trabajado en la misma oficina.
2. Por supuesto, es imposible impedir que rece por su madre, pero disponemos de medios para hacer inocuas estas oraciones: asegúrate de que sean siempre muy «espirituales», de que siempre se preocupe por el estado de su alma y nunca por su reuma. De ahí se derivarán dos ventajas. En primer lugar, su atención se mantendrá fija en lo que él considera pecados de su madre, lo cual, con un poco de ayuda por tu parte, puede conseguirse que haga referencia a cualquier acto de su madre que a tu paciente le resulte inconveniente o irritante. De este modo, puedes seguir restregando las heridas del día, para que escuezan más, incluso cuando está postrado de rodillas; la operación no es nada difícil, y te resultará muy divertida. En segundo lugar, ya que sus ideas acerca del alma de su madre han de ser muy rudimentarias, y con frecuencia equivocadas, rezará, en cierto sentido, por una persona imaginaria, y tu misión consistirá en hacer que esa persona imaginaria se parez¬ca cada día menos a la madre real, a la señora de lengua puntiaguda con quien desayuna. Con el tiempo, puedes hacer la separación tan grande que ningún pensamiento o sentimien¬to de sus oraciones por la madre imaginaria podrá influir en su tratamiento de la auténtica. He tenido pacientes tan bien con¬trolados que, en un instante, podía hacerles pasar de pedir apasionadamente por el «alma» de su esposa o de su hijo a pegar o insultar a la esposa o al hijo de verdad, sin el menor escrúpulo.
3. Es frecuente que, cuando dos seres humanos han convi¬vido durante muchos años, cada uno tenga tonos de voz o gestos que al otro le resulten insufriblemente irritantes. Explo¬ta eso: haz que tu paciente sea muy consciente de esa forma particular de levantar las cejas que tiene su madre, que apren¬dió a detestar desde la infancia, y déjale que piense lo mucho que le desagrada. Déjale suponer que ella sabe lo molesto que resulta ese gesto, y que lo hace para fastidiarle. Si sabes hacer tu trabajo, no se percatará de la inmensa inverosimilitud de tal suposición. Por supuesto, nunca le dejes sospechar que tam¬bién él tiene tonos de voz y miradas que molestan a su madre de forma semejante. Como no puede verse, ni oírse, esto se consigue con facilidad.
4. En la vida civilizada, el odio familiar suele expresarse diciendo cosas que, sobre el papel, parecen totalmente inofen¬sivas (las palabras no son ofensivas), pero en un tono de voz o en un momento en que resultan poco menos que una bofetada. Para mantener vivo este juego, tú y Gluboso debéis cuidaros de que cada uno de ellos tenga algo así como un doble patrón de conducta. Tu paciente debe exigir que todo cuanto dice se tome en sentido literal, y que se juzgue simplemente por las palabras exactas, al mismo tiempo que juzga cuanto dice su madre tras la más minuciosa e hipersensible interpretación del tono, del contexto y de la intención que él sospecha. Y a ella hay que animarla a que haga lo mismo con él. De este modo, ambos pueden salir convencidos, o casi, después de cada discu¬sión, de que son totalmente inocentes. Ya sabes cómo son estas cosas: «Lo único que hago es preguntarle a qué hora estará lista la cena, y se pone hecha una fiera.» Una vez que este hábito esté bien arraigado en la casa, tendrás la deliciosa situación de un ser humano que dice ciertas cosas con el expreso propósito de ofender, y, sin embargo, se queja de que se ofendan.
Para terminar, cuéntame algo acerca de la actitud religiosa de la vieja señora. ¿Tiene celos, o algo parecido, de este nuevo ingrediente de la vida de su hijo? ¿Se siente quizá «picada» de que haya aprendido de otros, y tan tarde, lo que ella considera que le dio buena ocasión de aprender de niño? ¿Piensa que está «haciendo una montaña» de ello, o, por el contrario, que se lo toma demasiado a la ligera? Acuérdate del hermano mayor de la historia del Enemigo.
Tu cariñoso tío,
ESCRUTOPO
OTRA VERSIÓN SOBRE EL MENSAJE DE LA SALETTE
"Nota aclaratoria: Para prevenir cualquier malentendido - dejenme decir que estoy de acuerdo con la decisión del Obispo de Grenoble relativa a la aparición de la Bienaventurada Virgen María en La Salette en 1846, en el sentido de que la misma es "digna de ser creída". La intención de estos artículos es la de demostrar que a) el "mensaje" y/o b) "el secreto" de La Salette NO cuentan con la aprobación de tal Obispo o de la Iglesia. El falso mensaje o secreto sugiere que la BVM profetiza que "Roma perderá la Fé...etc.". Este rumor es una corrupción datada de 1879 del original y legítimo mensaje registrado en 1851. Este falso "mensaje" y/o "secreto" de 1879 ha sido absolutamente condenado por la Iglesia. La condena oficial culminó con la puesta en el Index de los Libros Prohibidos del falso mensaje de La Salette y esto a pesar del discutido Imprimatur de 1879 supuestamente otorgado por el Obispo de Lecce - F. John Loughnan"
Una premisa discutible:
“Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo”
Desafortunadamente, vemos aquí un ejemplo de “ciegos” guiando a otros “ciegos”.
Consideremos lo que sigue:
La frase mencionada más arriba es unánimemente aceptada y promovida por mucha gente confundida -casi como si se tratara de un “dogma de Fe” el hecho de que la Virgen María dirigió esas palabras a Melanie Calvat y a Maximin Giraud en La Salette-
¿Fueron palabras de la Virgen o fueron meras repeticiones por parte de una inocente Melanie de las ideas apocalípticas de cierta gente convencida pero fanática y confundida que lograron convencerla? (téngase en cuenta que Martín Lutero se inclinaba por llamar Anticristo al Papa). Es importante tener en cuenta que Melanie nunca mencionó esta frase cuando comunicó por primera vez el mensaje en 1851. Esta frase comenzó a ser atribuída a ella solo después de 1878 , mucho tiempo después que el evento ocurrió y que el mensaje original se transcribió.
La verdad acerca del Secreto de La Salette
“…el verdadero Secreto de La Salette nunca fue hecho público. Muchos católicos continúan siendo inducidos en error por el falso y no aprobado “secreto” escrito por una resentida Melanie Calvat en 1879, una distorsionada versión de la que escribió originalmente en 1851. Otros, a pesar de su buena predisposición, no pudieron otorgarle credibilidad , providencialmente al parecer."
http://freespace.virgin.net/crc.english/salette4.htm#apocalypse
La versión falsa del Secreto de Nuestra Señora
Este secreto, ya varias veces impreso, distribuído, comentado y recomendado por diversos autores, tanto eclesiásticos como laicos, es el que M. Mariavi ha creído conveniente dar al público, presentándolo como "El Evangelio de la Virgen María ', ¡para acompañar y complementar el Evangelio de Jesucristo!
"A fin de responder a su pregunta Monseñor, acabo de leer los dos folletos sobre los que usted desea saber mi opinión. Es absolutamente desfavorable. Los autores de las publicaciones anteriores, relacionados con este secreto, fueron condenados, si no a causa del secreto en sí, al menos por el alcance y las consecuencias que le otorgaron. Un destino similar espera a la presente publicación.
"I. - Parece, de hecho, que no tenemos aquí el secreto entregado por el obispo de Grenoble enviado a SS el Papa Pío IX en 1851. En su forma actual, fue escrito por Melanie Calvat, pero en varias ocasiones y en sucesivos fragmentos, y parece más bien ser el resultado de una composición personal que una repetición exacta del texto original dado a Pío IX, y del cual se dice que no se encuentra ya en el Vaticano.
"II. - En su forma actual, este secreto no tiene un valor distinto al de una manifestación personal de Melanie Calvat la que cuenta con el apoyo de la firma de dos obispos de Nápoles. Melanie parece haber sido sinceramente piadosa, pero pudo haber sido engañada, y parece que su "misión", en lugar de proseguirse a nuestro tiempo, terminó con el reconocimiento de la realidad de la Aparición por la Iglesia .
"III. - Lo que es seguro, de acuerdo con un autor bien informado, es que las primeras versiones del secreto eran menos desarrolladas que las últimos, es probable, por tanto, que bajo la influencia del entorno en el que su vida terminó, Melanie haya ampliado lo que había escrito originalmente y enviado al Papa; por cierto, no tenemos aquí una copia oficial del secreto que ella entregó a Pío IX. Sólo la Sagrada Congregación del Santo Oficio podría, con el consentimiento del Papa, buscar el original y así determinar, cotejando con el contenido original, la verdadera autoridad.
"IV. - El tenor de este secreto, como se lee hoy, es tan extraño, de tal manera confuso, con especial alusión a la política, favorece de manera muy precisa, los errores de los antiguos milenaristas - en el sentido de que anuncia una renovación que ha de realizarse en el tiempo y en la tierra, a diferencia de la enseñanza de la verdadera religión en general acerca de la resurrección en el fin del mundo, y acerca de la eterna felicidad de los elegidos - que necesariamente uno duda en atribuir un origen celestial. Por último, y más especialmente, el comentarista se ha tomado tal libertad en evaluar y juzgar a la jerarquía católica, en todos sus grados, que uno se pregunta en qué se basa para justificar la gravedad de sus palabras, las cuales no quedarían fuera de lugar en las páginas de un periódico que fuera el más hostil a la fe cristiana. Uno se pregunta cómo se puede conjugar la piedad que profesa con la dureza que muestra hacia las personas dignas de todos los respetos.
"Lo que agrava la temeridad de estas sentencias es que son dadas, en varias ocasiones, en una forma que es a la vez burlona e insultante, lo que es desmentido por el carácter y la dignidad de las personas que el autor considera oportuno denunciar.
"El santo Papa Pío IX, venerables cardenales tales como Monseñor Perraud, Mons. Lugon y Mons. Sevin, obispos como Monseñor Maurin de Grenoble, y todos sus predecesores hasta Mons. Ginoulhiac, de renombrada memoria: todos están incluidos en los hirientes reproches, que el comentarista se atreve a atribuir, en primer lugar, a la Santísima Virgen!
"Y todo esto está escrito y publicado, distribuido y ofrecido para aquellos que quisieran encontrar en estas páginas el alimento para su curiosidad. ¿Se aprenden la caridad y el amor al aprender a despreciar a la autoridad legítima del sacerdocio? Porque lo notable en este cristiano, en este católico, es que parece disfrutar de una especie de alegría al golpear a los líderes de la Iglesia santa, de los cuales él se burla al llamarlos «nuestros príncipes'
"Por lo tanto no se sorprenda, Monseñor, si condeno estos dos folletos de autoría del Dr. Mariavi, si reprocho su espíritu y su carácter, y si yo le aconsejo a los fieles a que no los lean
"Con mi afectuoso respeto,
A., cardenal de Cabrihres
Obispo de Montpellier.
(Le Hidec, Les secretos de La Salette, p. 164-167)
Ahora la traducción de un percutante análisis por parte del autor James Foster:
Textos de los falsos Secretos
En las décadas siguientes a la aparición se publicaron una serie de versiones de los secretos, incluyendo la versión publicada en Italia en 1879 por Melanie Calvat misma. Este texto, que fue tan largo que tuvo que ser publicado como un folleto, lo fue en un tono muy apocalíptico e incluía predicciones para el mundo y una incisiva crítica del clero. Incluía la dramática denuncia "Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo". Fue utilizado por anticlericales y por la masonería para atacar a la Iglesia. Todavía se utiliza hoy por los "tradicionalistas" [nota del blogger: digamos de los inclinados al sedevacantismo] que se encuentran actualmente en cisma con Roma. La iglesia jamás ha aceptado estas versiones del secreto como auténticos. Después de la publicación de su inclusión en el Índice de libros prohibidos y la advertencia en privado a Melanie por su comportamiento.
En este punto es necesario mencionar las dos maneras de ver a Melanie que surgieron posteriormente. Sus devotos, entre ellos un número de miembros del clero a quienes ella atrajo a su causa en el momento, la vieron como alguien que fue completamente fiel a su misión, una misión que, a su juicio continuó después de los acontecimientos de septiembre de 1846. Se convirtió en una gran mística y visionaria que sufriera grandes frustraciones de manos de las autoridades de la Iglesia. Esta era su peculiar cruz y vocación. Todas sus supuestas revelaciones deben ser creídas, incluido el secreto de 1879. La otra manera es la de considerar que cuando Melanie publicó el llamado Secreto de La Salette, después de haber fracasado en su vocación de carmelita y haber sido dispensada de sus votos por el Santo Padre, ella se había convertido en una pseudo-mística, obsesionada con la literatura apocalíptica y resentida con las autoridades de la Iglesia que se habían negado a adherirse a sus exigencias irrazonables. El secreto no era un fiel reflejo de lo que la Virgen le dijo, sino una expresión de sus propias ideas y sentimientos. El obispo de Grenoble, que sufriera sucesivos tropiezos al intentar defender a Melanie, la encuentra “empecinada” y desafiante de la autoridad. Con gran visión, en 1851 declaró públicamente que la misión de los niños pastores había terminado y que el asunto se encontraba ya en manos de la Iglesia. Lo hizo para poner fin a las pretensiones de Melanie de tener más y continuas revelaciones. Se ha dicho que Melanie producía en quienes tenían que lidiar con ella más lástima que enojo. No me propongo tratar de resolver la cuestión de cuál de estos personajes representa la "verdadera Melanie", pero la falsedad de la versión 1879 es evidente, por diversas razones, incluyendo
- Su longitud que llenaba varias páginas de un folleto. El verdadero secreto llenaba apenas tres carillas.
- Se hace referencia a sucesos concretos, de los cuales se dice que van a ocurrir en el siglo XIX, pero que en realidad nunca se produjeron. Por ejemplo, el anticristo, no aparece "en torno a 1865" ¿o simplemente no lo hemos reconocido? Ni ha mandado ejércitos en las guerras que se lucharon en los años 1880 (Nótese como la frase acerca de Roma convirtiéndose en la sede del anticristo se elimina de este contexto por aquellos que lo utilizan para justificar los ataques a la actual Ciudad del Vaticano).
- La publicación en 2002 del secreto que Melanie escribió al Papa en 1851 nos permite hacer una comparación con la versión de 1879 y rápidamente se hace evidente que hay poca semejanza entre los dos. El verdadero secreto es muy similar al mensaje de Fátima visto en su totalidad. No está escrito abiertamente en tono apocalíptico y condenatorio, carece de la crítica del clero y religiosos que se encuentran en la versión de Melanie de 1879. La frase "Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo" no está presente. Al igual que Fátima es un mensaje de esperanza, especialmente en relación con el secreto de Maximin.
Las versiones de los supuestos secretos encontradas en 2002 se encuentran aquí:
http://www.sspxasia.com/Newsletters/2003/Jul-Dec/Secret_of_La_Salette.htm
¿Benedicto XVI vs. Juan Pablo II? La escatología cristiana en formato periodístico
Lejos estaría el Papa Benedicto de suponer que una de sus respuestas espontáneas, en estilo coloquial, a las diez preguntas formuladas en el curso de su encuentro anual con los párrocos de Roma al inicio de la cuaresma, y que duró en total una hora y cuarenta minutos, despertaría un torbellino mediático de repercusión internacional. La ocasión la brindó la pregunta de un sacerdote relativa a realidades poco predicadas, como son el juicio final, el infierno y el paraíso. El Papa en su respuesta aprovechó para hablar de las realidades últimas del hombre: muerte, juicio, purgatorio, infierno o gloria. Las palabras exactas han sido reproducidas por Sandro Magister, periodista de L’Espresso, y luego divulgadas por la agencia informativa Zenit en su boletín del 11 de febrero.
Para quien busca entender la mentalidad del periodismo entendido como venta oportunista de noticias, con alto voltaje emocional, éste es un caso privilegiado. ¿Por qué tanto revuelo?
La chispa logró encenderla el comentarista del diario La Repubblica, según el cual el Papa en su respuesta entraba en contradicción con la doctrina de su antecesor, quien en una de las catequesis del año 1999 dedicadas a las “postrimerías”, al hablar del infierno, el miércoles 21 de julio de ese año, lo presentó más como un “estado” que como “lugar” donde el hombre es sometido a tormentos exteriores de todo tipo. Como suele ocurrir, ni la catequesis del Papa Juan Pablo, ni la respuesta ocasional de Benedicto XVI eran citadas en su contexto ni en su integridad.
La aludida catequesis de Juan Pablo II citaba el nº 1033 del Catecismo de la Iglesia Católica (¿y no era acaso el mismísimo cardenal Ratzinger quien presidía su redacción?) donde leemos: “Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados, es lo que se designa con la palabra «infierno» ”. Hablaba de la posibilidad real de incurrir en ese estado, de la eternidad del mismo, y en conformidad con la doctrina del IV concilio de Letrán, afirmaba que en esa situación se encuentran las criaturas espirituales llamadas demonios, que se cerraron al amor de Dios. El mismo Papa aclaraba que, si bien la condenación eterna sigue siendo una posibilidad real, no obstante “no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en ella”.
De esta doctrina se hizo luego una lectura muy sesgada y se la divulgó en forma tergiversada. Se la presentó como novedad absoluta, se retuvo la negación de que el infierno sea un lugar, sino un estado de lejanía respecto de Dios, y de allí la interpretación reductora de que sería una metáfora o un espacio vacío, una hipótesis irreal, conclusión ésta que en nada respetaba el pensamiento del papa polaco.
El año pasado, en marzo de 2007, se había desatado un revuelo parecido al de este mes de febrero del presente año, a partir de otra intervención ocasional de Benedicto XVI sobre el infierno, donde con sobriedad y agudeza reitera la doctrina tradicional de la Iglesia, en una homilía pronunciada en una parroquia romana de la periferia, comentando el evangelio. En ese momento muchos periódicos publicaron frases como éstas del diario español El País: “El papa Benedicto XVI resucita el infierno. Contra lo dicho por Juan Pablo II en 1999, Ratzinger sostiene que «el infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno» ” (23 de abril de 2007). En ese mismo diario, el mismo día, otro título volvía a la carga, ahora con sarcasmo: “El papa Benedicto entierra el limbo y resucita el infierno”. Ya puede el simple lector comprobar por cuales carriles de objetividad científica circulan las noticias.
Con ocasión del encuentro con el clero romano de este año, los “especialistas” en cuestiones religiosas de numerosos diarios en todo el mundo, los llamados “vaticanistas”, con honrosas excepciones según los medios, a partir del comentario aparecido en La Repubblica iniciaron la onda expansiva repitiendo hasta la saciedad lo que parecía una verdad de evidencia inmediata, a saber, que el Papa Benedicto se había opuesto a la doctrina de su antecesor sobre el mismo tema. La noticia tenía sus variaciones, según la cantidad de condimentos y aderezos. Algunos títulos manifestaban abierta hostilidad (e ignorancia) previa, como es el caso de un diario argentino de gran tiraje que el 8 de febrero repetía en su título los lugares comunes de los más agresivos diarios europeos: “Benedicto XVI: El infierno sí existe … Así volvió a contradecir a su antecesor Juan Pablo II, quien había afirmado que el infierno como lugar no existía, y que sólo es «la situación de quien se aparta de Dios» ”.
¿Qué es lo que dijo exactamente Benedicto XVI en ese encuentro? Conviene leer: “He intentado decir: quizás no sean tantos los que se han destruido de este modo y que son insanables para siempre, quienes no tienen más algún elemento sobre el que pueda apoyarse el amor de Dios, ya que no tienen más en sí mismos un mínimo de capacidad para amar. Esto sería el infierno”.
¿Qué resulta entonces de la lectura directa de las fuentes en comparación con el envase mediático en que se ha vendido la noticia? Se imponen por sí mismas las siguientes conclusiones. Ambos papas admiten la fe sobre la existencia y eternidad del infierno. Uno y otro afirman que en él se encuentran los demonios. Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI se refieren al mismo como un lugar geográfico. Ambos pontífices hablan del infierno como de una posibilidad real para el hombre; no se trata pues de una metáfora o hipótesis irreal.
¿Difieren doctrinalmente en algún punto sobre este tema? El Papa Wojtyla, después de hablar de la posibilidad real de la condenación eterna, afirmaba que no obstante “no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en ella”. ¿Contradice el Papa Ratzinger esta afirmación? Vayamos a sus palabras: “He intentado decir: quizás no sean tantos los que se han destruido de este modo y que son insanables para siempre”. A través de este “quizás” ¿no se está manteniendo el Papa en la equidistancia entre un infierno superpoblado y un infierno que con certeza y por principioestaría vacío de seres humanos? ¿No es una manera distinta de afirmar lo mismo, a saber, la posibilidad real de la condenación eterna? Y al mismo tiempo ¿no equivale a renunciar a saber “si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en la condenación eterna”?
Pero vayamos ahora a otra pregunta: ¿puedo yo hablar de motores y mecánica automotriz por el simple hecho de manejar un automóvil? Para mis amigos y conocidos éste sería un buen chiste para distenderse en medio de sus tensiones y fatigas. ¿Qué podría esperar de ellos si me ocupara de estos temas? Mis amigos de gustos clásicos me recordarían una anécdota de Apeles, el máximo pintor griego, cuando quisieron corregirle la plana: “zapatero, a tus zapatos”. Mis amigos más amantes de la poesía gauchesca, me citarían al mayor de sus cultores: “¿qué sabe el chancho ‘e volar, si nunca fue golondrina?” ¿Puede alguien hablar de avances científicos en medicina sin ser médico? Aunque el intento es muy riesgoso y desaconsejable, quizás sería posible si procedo con inmenso respeto y cautela con los términos que uso en relación a lo que ignoro, y me hago asesorar previamente con personas de probada competencia.
Con el título de esta nota he querido imitar deliberadamente el estilo mediático. Es sabido que el pobre periodista que desde sus primeras palabras no logra atraer la atención del público al que se dirige, queda descalificado como tal. Captar la atención, sensibilizar ideas mediante imágenes y vocabulario de impacto emocional, construir o destruir la imagen pública de una figura prestigiosa, parece ser parte esencial del quehacer cotidiano de los comunicadores, sea en el periodismo escrito, radial o televisivo.
No todo es malo en esta lógica. Es muy importante saber presentar, atraer la atención, oponer palabras y crear frases de fácil memorización. Pero ¿qué pasa si hacemos de esto el valor único o supremo del periodismo? Es sencillo, en tal caso no me interesa la comunicación de la verdad, entendida como coincidencia entre la realidad y el juicio que hago sobre ella, sino “vender” una noticia “construida” en función de mis ideas o prejuicios; no deseo ante todo ser objetivo, poniendo al lector u oyente en contacto con la realidad, sino despertar adhesión o rechazo, golpear o engrandecer a alguien. Quien lee, escucha o mira, sin entrenamiento crítico, se comportará entonces con la mentalidad de un hincha de fútbol: ante determinados colores o palabras arderá en entusiasmo o se plegará a la silbatina. Hay comidas cuya baja calidad o insipidez se busca ocultar o “mejorar” con abundante condimento. El aderezo pasa a ocupar el lugar de la sustancia, de lo contrario la comida “no pasa” ni tampoco “se vende”.
Yo recomendaría a nuestros “vaticanistas” que no se improvisen como teólogos. Corren el riesgo de ser “todólogos”, y así la objetividad de lo que presentan va por los pisos. Claro ¡total, la mayoría de los lectores no tiene posibilidad de verificar las afirmaciones, y suele tomar lo escrito en un periódico como palabra sagrada e irrefutable!
Concluyamos, no obstante, con una nota de esperanza, citando a Santa Teresa de Jesús: “En fin, la verdad padece más no perece, y así espero aun lo habrá de declarar más el Señor”.
+ ANTONIO MARINO
Obispo auxiliar de La Plata
FUENTE: http://www.arzolap.org.ar